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Límulus

30 dedos taller de letterpress en México

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Desde las tablillas de cera hasta la impresión con láser, sin duda el método más exitoso –por duradero– para reproducir información ha sido la imprenta de tipos móviles, cuyo nacimiento en 1450 significó una revolución tecnológica que agilizó la producción de libros, la popularización de la lectura y se mantuvo como el principal medio de impresión hasta el primer cuarto del siglo XX.

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La introducción de mejoras técnicas que permitieron una producción todavía más veloz y mayor no representó necesariamente la desaparición de los tipos móviles, aunque sí redujo vertiginosamente su uso, al punto de constreñirlo a la impresión de folios, tarjetas de presentación e invitaciones, o a la esporádica y cara impresión de libros artesanales, pues si en su origen el invento atribuido a Johannes Gutenberg había servido para abaratar los costos de producción al sustituir el pergamino por papel de cáñamo o de trapos, ahora producir un papel así de resistente e invertir tanto tiempo en la impresión de un ejemplar es muy costoso.

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Imprenta tipográfica de USA Chandler and Price Crasftsman de 1937. Originalmente era una imprenta de alimentación automática pero desde antes de que llegara al taller sólo se puede alimentar manualmente, permitiendo imprimir en cualquier gramaje de papel.

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Imprenta tipográfica alemana Heidelberg. Esta máquina es de 1960, es totalmente automática, puede imprimir hasta 5,000 piezas en una hora, en ella no se pueden usar papeles muy gruesos pues la alimentación del papel es a partir de succión con aire y a veces son tan pesados los papeles que no alcanza a tomarlos.

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No obstante, existen en el mundo verdaderos apasionados de esta técnica, que conlleva intrínsecamente amor y respeto por los procesos, las tipografías y las texturas. Una de estas personas apasionadas es la diseñadora mexicana Alejandra Portilla, responsable del taller “30 dedos”.

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Su historia con los tipos móviles es la del enamoramiento, primero fortuito, después fundamental en su vida. Un día, unos amigos muy queridos de Alejandra decidieron casarse, así que ella, diseñadora, no dudó sobre su regalo: haría las invitaciones de la boda. Para inspirarse, buscó diseños y modelos en internet y fue entonces cuando conoció la técnica “letterpress” o impresión con tipos móviles. Las tarjetas hechas mediante letterpress fueron las que más le gustaron, por lo que decidió averiguar sobre esa técnica. No sabía que se adentraba en una búsqueda que sobrepasaría los límites de lo contingente y se convertiría en la primera etapa de su futuro profesional.

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Al principio fue casi imposible encontrar quién quisiera y pudiera imprimir de esa forma las invitaciones, de manera que Alejandra pensó que la mejor solución sería, ¿por qué no?, involucrarse al punto de hacerlas ella misma, con ayuda de dos amigas más. Así, las tres investigaron dónde podían conseguir las máquinas y los tipos, se enteraron del proceso y descubrieron el peligro que correrían sus dedos (de ahí el nombre del taller).

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Aunque la empresa que se habían impuesto representaba un esfuerzo descomunal, Ale y sus amigas siguieron adelante, pero en el camino desistieron las amigas y sólo quedó Ale. En el proceso siguiente, conoció a los impresores de la colonia Obrera, el trabajo que se hace en Estados Unidos y en Europa, involucró a su familia, fue contactada por un fabricante peculiar de papel, amante asimismo de la impresión en tipos móviles, hasta que poco a poco fue adquiriendo destreza y conocimiento en tipos de papeles, tipografías, tintas y clientes.

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El pequeño taller que comenzó en una bodeguita en el jardín de sus padres es hoy una construcción en la que caben las tres máquinas que ha adquirido con el tiempo. Las herramientas, tipografías y máquinas han sido, en su mayoría, encontradas en talleres del Centro que cierran, por falta de trabajo.

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A la fecha, Alejandra considera que su trabajo sigue en un estado de “prueba y error”. Sabe también que es a esto a lo que dedicará su vida, por lo que ha añadido a la técnica su conocimiento de diseñadora y su destreza para impartir talleres. Ante la aparente extinción del oficio que ha abrazado, Alejandra propone, a través de “30 dedos”, un acercamiento a la técnica que va de la mirada moderna, digital, a la tradicional y artesanal, con lo que logra insertarse en la comunidad internacional de tipógrafos e impresores y rescatar algo que parecía perdido.

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Obtenido en el Hamilton Type Museum

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Impreso en el taller español “Familia Plómez”

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Impreso en 30 dedos

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