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Límulus

Animales reales que podrían ser inventados

Texto por Andrés Cota

Ilustraciones litográficas de Ana J. Bellido

No es necesario insistir en que la naturaleza es demasiado extensa como para poder abarcarla en su totalidad. De eso no queda duda. Sería una necedad sin sentido ahondar en tales apreciaciones. Pero tampoco debemos caer en la tentación de exagerar: no es infinita. Parte de fundamentos físicos y químicos estrictos, y de un número limitado de materiales que le confieren una dimensión cuantificable. Lo que sí podríamos proponer, arriesgando a referirnos a un ente abstracto como si se tratara de un sujeto, es que resulta sumamente imaginativa. Creativa a un grado sólo visto en los casos más agudos de autismo. Casi demente. Minuciosa cual relojero. Paciente como monje. Obsesiva.

Pero ante todo expresa un gusto marcado por experimentar. En sus manos unos cuantos ingredientes primordiales se transforman en un basto abanico de organismos, tan distintos entre sí que bien podrían pertenecer a mundos diferentes. El sueño del inventor de juguetes. Delirio del miniaturista. Biodiversidad en todas sus posibilidades. De la levadura más efímera, al árbol del Tule. Del temible cisticerco, al glorioso tigre de Bengala. Setas, musgos, peces beta. Cangrejos ermitaños, perros callejeros y helechos arborescentes. Seres hermosos, monstruosos, crueles o inquietantes. Fieras entrañables.

Los intrincados caminos evolutivos conduciendo, al menos bajo la lupa de unos cuantos modestos homínidos, a resultados descabellados. La selección natural favoreciendo ejemplares en ocasiones desquiciados que desafían por completo el mecanismo de prueba y error biológico. Individuos que encarnan en viva piel la noción de que la realidad supera a la ficción. ¿Qué podría resultar más perturbador que el semblante del ajolote? ¿Más desconcertante que la amiba amorfa? ¿Más caprichoso que el deforme lenguado? ¿Existe en verdad bestia más terrorífica que el calamar gigante? No lo creo.

La labor enciclopédica se nos da bien a los humanos. Nuestra ansia por sacar sentido a los fenómenos orgánicos nos lleva a elaborar listados taxonómicos, filogenias complejas. Clasificaciones que conceptualizan en papel la inagotable inventiva silvestre. Un intento, quizás tímido, por comprender el mundo que nos rodea.

No queremos figurar únicamente como testigos del artefacto, sino comprender el engranaje.

Sin embargo, siempre habrá aquellos ejemplares que pongan en jaque las conjeturas a las que llegamos. Especímenes que retan a la cordura a un duelo de probabilidades. La zoología fantástica de Borges puesta de cabeza. El bestiario de los animales reales que podrían ser inventados.

La lista es extensa y opera en función de qué tanto se conozca sobre el tema. Para el naturalista versado la grotesca babirusa (cerdo salvaje que habita en las islas del archipiélago indonesio cuyos colmillos sobresalen de la boca y, trazando un ángulo de ciento ochenta grados, se incrustan nuevamente en el cráneo) quizá no resulte tan sorpresiva. Como probablemente tampoco lo sea la salamandra gigante de China con sus 1.6m de largo y sus más de 30kg de peso. Puede ser incluso que el esquivo pez linterna de las profundidades abisales le sea también familiar.

Pero imaginemos por un segundo que no conociéramos al ornitorrinco, al camaleón o a la medusa. Entonces sus dotes biológicos los tornan prácticamente imposibles de concebir. Este breve catalogo va dirigido a aquellos que gustan de tales organismos.

Aye-aye, Daubentonia madagascariensis, es un lémur oriundo de la isla de Madagascar y el primate nocturno más grande que existe. Presenta pelaje revuelto, grandes ojos amarillos y orejas prominentes. Exhibe un comportamiento alimenticio singular, llamado forrajeo de percusión; patrulla las copas de los árboles dando golpecitos sobre las cortezas (de la manera en la que uno llamaría a una puerta) para comprobar si están huecas y localizar así los canales donde podrían encontrarse sus posibles presas: larvas de insectos. Cuando localiza una veta prometedora, hace una incisión en la madera utilizando los colmillos e introduce su dedo medio modificado, alargado y con uña protuberante, para hurgar en la cavidad. De esta manera ocupa el mismo nicho ecológico que en otros ecosistemas es propio de los pájaros carpinteros.

aye-aye

Ciervo de agua oriental, Hidropotes inermis, es un venado de talla pequeña que habita cerca de los ríos de China y Corea. No supera el metro de largo y apenas llega a los 14kg de peso, no obstante, es un nadador potente; puede desplazarse grandes distancias a contracorriente. Su pelaje suele ser café claro y no presenta cuernos en ningún momento de su desarrollo. Salvo por le época de reproducción, son organismos solitarios y sumamente territoriales. Sin duda alguna el rasgo más significativo de esta especie son los dos colmillos que sobresalen de su boca, carácter por el cual también es conocido como ciervo vampiro. Estos dientes alargados y filosos, que pueden llegar a medir hasta 8cm, tienen la particularidad de ser movibles; pueden ser retraídos a la hora de pastar o dirigidos hacia enfrente ante un embiste. Se emplean principalmente en los combates por territorio.

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Cálao rinoceronte, Buceros rhinoceros, es un ave de tamaño considerable que habita en las selvas húmedas del sureste asiático e Indonesia, incluyendo Borneo, Java, Sumatra, Singapur y la península Malaya. Puede alcanzar los 130cm de alto y rebasar los 3kg de peso (piénsese en el tamaño aproximado de un cisne pero con el cuello corto). Presenta la cabeza desnuda en tonos naranja rojizos con un pico conspicuo y alargado sobre el que se proyecta la estructura ósea que le brinda su nombre y le confiere la posibilidad de emitir un sonido profundo. La coloración característica del plumaje es negro brillante con vetas blancas. Se alimenta de frutos, bayas, nueces, insectos y pequeños vertebrados que caza en el dosel forestal. Raramente baja a tierra. Se ha reportado que en cautiverio esta especie puede superar los 60 años de vida.

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Mono búho, Cercophitecus hamlyni, es un primate de hábitos nocturnos que ronda las selvas centrales del continente africano, generalmente a elevaciones superiores a los 1000m de altura. Presenta cola gruesa y corta, extremidades fuertes y pelaje que va del café oscuro jaspeado, al negro. Su emblemático rostro está coronado por dos ojos protuberantes de aguda visión en la oscuridad que le confieren su mote, así como una raya de coloración clara que se extiende desde el nacimiento de la nariz hasta el labio superior. Es de tamaño mediano, alcanza los 50cm de largo y los 7kg de peso. Se alimenta de distintos tipos de vegetales y frutas. Son organismos tímidos, prácticamente desconocidos para la ciencia, cuyos avistamientos en vida silvestre son sumamente escasos.

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Tapir malayo, Tapirus indicus, es un mamífero herbívoro de semblante graciosos que habita en la vegetación selvática de Myanmar, Tailandia, la península Malaya y Sumatra. Es el único representante de los tapires que no es propio del continente americano y a diferencia del resto de su estirpe presenta una coloración adulta divida en dos tonos: blanco y negro (similar a la de un panda). Cuando son crías exhiben un pelaje manchado con el fondo negro y conforme crecen las manchas se van fusionando entre sí. Poseen trompa sensible, patas que recuerdan a las del rinoceronte y gustan de pasar largas horas dentro del agua. Son enormes, pueden llegar a medir 2.40m de largo y pesar 320Kg. Se encuentran en grave peligro de extinción.

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