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Límulus

Ciudadanos independientes

Texto de Paula Villanueva

Fotografías de Toumani Camara y Paula Villanueva

Fundación Inclúyeme nace en 2008 y, como todo buen proyecto social, fue impulsado por el amor de los padres de familia y del interés de los profesionistas por brindarle nuevas oportunidades a las personas con autismo, en un principio, y después a toda persona que presentara cualquier tipo de discapacidad intelectual.

Yo la conocí en 2013 y debo confesar que fue un descubrimiento fuera de lo común. Llevo muchos años haciendo voluntariados en diferentes casas hogar  y escuelas para niños en distintos países, y en este espacio resalta algo fundamental: la defensa de autonomía de las personas como parte de la esencia del ser humano.

La vida independiente que promueve Inclúyeme es la que buscamos todos: un hogar propio, un trabajo digno, administrar nuestros gastos y, sobre todas las cosas, conservar nuestra autonomía y mejorar nuestra calidad de vida: todo un engranaje de áreas vitales que nos permiten llevar una vida lo más cercana posible al balance, siempre enfocado a impulsar a estos jóvenes adultos a ser parte y aportar lo mejor de sí mismos a la sociedad.

Los adultos en etapa productiva muchas veces son olvidados a lo largo del camino, porque ya no son niños en formación, porque la sociedad “espera” ciertos resultados de ellos, porque el envejecimiento se acerca y no es tan “necesario” invertir en sus futuros. Sin embargo, dentro de Inclúyeme existen casos que demuestran lo contrario.

Viajé con Límulus e Inclúyeme por varios sectores de la ciudad y me adentré en dos vidas espectaculares: la de Chayo y Óscar, dos jóvenes entusiastas, amantes de su trabajo, acogedores en sus hogares, orgullosos de lo que han construido, lo que tienen y lo que siguen logrando.

Rosario Miranda, “Chayo”, como la conoce todo mundo, tiene 37 años y, como buena mujer, se tardó en revelarme su edad (le tuve que decir yo la mía para que me confiara la suya). Tiene una hermana más chica a la que ve los lunes y su color favorito es el rosa. Chayo trabaja en Daunis, institución que la ha capacitado para convertirse en una experta en la producción de tamales. Nos dio un tour visual por las diferentes estaciones del proceso. También nos abrió las puertas de su departamento en el que lleva viviendo casi 2 años y que comparte con Pame y Lore, su facilitadora 1 .

Óscar González es un joven de 26 años que no deja de sonreír y de contagiarnos con su felicidad. También tiene un hermano al que ve los sábados cuando va a casa de sus padres a comer. Vive con Kike, Miguel, Carlos y Jako, su facilitador y le gusta mucho la música country y los corridos duranguenses. Su color favorito es el amarillo… y el rosa, y el azul también. Óscar nos dio el recorrido por su casa, nos presentó a su compañero de cuarto y nos permitió conocer un poco de su espacio de trabajo.

Las imágenes presentadas a continuación reflejan este encuentro con Chayo y Óscar, así como la exploración de sus espacios vitales y laborales.

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Las primeras estaciones del proceso consisten en picar, desmenuzar y preparar todos los ingredientes para los tamales. Aquí Chayo ya se había lavado las manos, puesto su gorro y tapabocas para acatar las reglas de limpieza. Daunis capacita a personas adultas con discapacidad intelectual, con el fin de lograr su inclusión social para una vida productiva, digna e independiente. Puede ser que en algún momento, alguno de nosotros hayamos consumido un tamal o algún otro producto hecho por Chayo o sus compañeros.

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Como en cualquier programa de capacitación integral, Chayo y sus compañeros rotan por las diferentes estaciones del proceso para aprender los pasos y poder ejecutar cualquiera de ellos cuando sea necesario.

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Mientras bromea con sus compañeras, Chayo le quita los grumos a la masa para poder continuar a la siguiente estación.

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Chayo corta las hojas de plátano para los tamales mientras sus compañeros se adelantan al siguiente paso para producir más eficientemente.

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Después de colocar la masa, Chayo escoge que éste será un tamal verde.

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Bajo la mirada de sus compañeros, Chayo envuelve adecuadamente el tamal para después colocarlo en el horno.

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Chayo en su cocina. Nos confesó, entre risas, que su actividad favorita de la casa es lavar los platos.

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Todo en la vida debe de tener un orden, por lo menos nos ayuda a organizarnos mejor, así que para Chayo y Pame, unos recordatorios nunca están de más.

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Por ahora Chayo no tiene compañera de cuarto. Pame, quien empieza a ir al departamento esporádicamente, está en el programa de transición [2] de Inclúyeme para eventualmente vivir con Chayo.

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El escritorio de Chayo incluye algunos recordatorios para sus actividades diurnas y nocturnas.

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Chayo nos compartió que aunque tienen bici estática en el depa, prefiere ir a sus clases de zumba los miércoles con Pame. En las noches le gusta mucho ver novelas.

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Todos tenemos algún tesoro de la infancia. Éstos son los de Chayo.

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El favorito de Chayo; se lo regaló una amiga.

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El menú de la semana que Chayo prepara.

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Todos los miércoles Chayo hace el súper con una lista que prepara con antelación.

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La labor de los facilitadores se basa esencialmente en eliminar las barreras de la discapacidad. Para esto se requieren apoyos. En este caso, los apoyos visuales, organizadores gráficos, como el horario para bañarse, el calendario de lavado de dientes, el día que toca alguna actividad, le ayudan a Chayo -y eventualmente a Pame- a desarrollarse mejor en el departamento.

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Chayo había preparado un poco de arroz para la cena.

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Desde muy temprano, Óscar empieza con sus labores de limpieza en el hotel Fiesta Inn Insurgentes. Para poder lograr esto, se capacitó en CONFE y ellos mismos lo siguen apoyando en su inclusión laboral cuando así se requiere.

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El audífono que cuelga de su oreja derecha lo ayuda a concentrarse mientras trabaja y a mantener el buen humor que lo caracteriza.

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Ni una mancha se le escapa; diligentemente, escombra todos los rincones del hotel.

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Además de desempeñarse impecablemente en lo suyo, cada vez que se cruza con alguien más (huésped, visitante, compañero de trabajo), Óscar regala sonrisas.

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Óscar nos presume orgulloso el Minion que pintó en su clase de cerámica.

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Al mostrarnos su cuarto, Óscar nos platicó que Kike es su compañero de cuarto.

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Hace media hora de su casa al Fiesta Inn, toma un pesero y camina un poco más para llegar. De lunes a domingo entra a las 7 de la mañana y sale a las 3 pm. Nos explicó que en su trabajo anda “del tingo al tango”.

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Los viernes se junta con Pame, la futura compañera de cuarto de Chayo, porque trabajan muy cerca.

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Los fines de semana arman fiestas con un karaoke que tienen en el depa o salen al circo. Óscar y Pame estuvieron viendo la posibilidad de ir un fin de semana a Six Flags; desafortunadamente, la facilitadora con la que estuvieron hablando se cambió de departamento y se pospuso indefinidamente la salida. Sin embargo, Límulus se enteró recientemente –por fuentes fidedignas de Inclúyeme– que la siguiente salida grupal será a Six Flags. No cabe duda que el que (o en este caso, “los que”) persevera, alcanza.

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Los viernes “echan la flojera”. Los miércoles y jueves también toma clases de inglés con un compañero de cocina del trabajo, que imparten ahí mismo en su trabajo. Practica de repente con una señora que va seguido al hotel.

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Toma clases de manualidades los martes y jueves en el IMSS mientras Kike va a zumba. Cuando se reanuden las clases, quiere tomar clases de bordado.

1. Inclúyeme tiene 7 departamentos alrededor de la ciudad con una población variable de inquilinos: Interlomas con 3 mujeres  y otro más para hombres, pero sólo está apartado, nadie vive ahí todavía; Pilares, que se ocupa únicamente para programas de entrenamiento, que incluyen 22 personas hasta ahora y 2 jóvenes en transición; Polanco que empezará a usarse en agosto para programa de transición con 3 jóvenes; y Huixquilucan se acaba de terminar y se están conociendo a los posibles candidatos. Todos los departamentos que lleva Inclúyeme se conforman idealmente de 4 a 5 inquilinos y 1 facilitador. Éste último (que puede ser mujer u hombre dependiendo del departamento) funge como apoyo para que las personas con discapacidad intelectual puedan seguir desarrollando sus actividades, desenvolverse mejor en la sociedad y garantiza la promoción de su calidad de vida en cada momento de su experiencia dentro del departamento.

2. El programa de vida independiente es el de vivir en un departamento, contar con un trabajo o con una capacitación para el mismo, y tener actividades sociales y recreativas. Las personas de Inclúyeme se percataron de que cada inquilino tiene su “ritmo” de adaptación, por lo que el programa de transición a la vida independiente se adecúa a éste: el inquilino puede empezar yendo al departamento a ver la tele o a cenar por algunas horas y eventualmente quedarse unos días hasta llegar el momento de mudarse.

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Inclúyeme cuenta con 10 instituciones aliadas para ejecutar su programa de vida independiente en la parte de inclusión laboral. Muchas más organizaciones se dedican a capacitar a los inquilinos y darles seguimiento laboral.

Facebook: FundacionIncluyeme

Twitter: ‪@Incluyeme_org

Límulus agradece la generosidad y ayuda de las personas que nos permitieron adentrarnos en las vidas de Chayo y Óscar: Ana Cecilia Septién y Angie Cuevas de Fundación Inclúyeme, Anaid Meza del Fiesta Inn Teatro Insurgentes, Daunis, los facilitadores Lorena y Jako, y claro, los mismos Chayo y Óscar por la confianza.

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