menu close

Límulus

D.FÁBULA Dos Naciones

Cuento de Teresa de Miguel Escribano*

Fotografías de Paulina Campos Hierro**

limulus_dos_naciones_6

Me llamo Nayeli y soy fichera. Estaba el otro viernes con mis comadres en el “Dos Naciones”, como todos los viernes, como casi todos los días, cuando se nos acercó a mí y a Tania un hombre sin pestañas ni cejas y los ojos negros, sin pupilas.

Tenía la mirada perdida como si se hubiera caído en la profundidad de sus enormes ojos negros.

Nos pagó lo correspondiente a un baile y subimos a la pista de tarima vieja, levantada, crujiente, pero no nos tropezamos porque Tania y yo nos conocemos a la perfección cada uno de los agujeros de esa vieja pista de madera y nuestros tacones saben ya evitar caer en ellos.

Era una de esas noches concurridas en las que todas las mesas están repletas de hombres perdidos y mujeres como yo. Las paredes sudaban, empapando de humanidad el puerto de Veracruz y la Giralda de Sevilla pintados en ellas.

limulus_dos_naciones_1

La banda tocaba con su usual desidia, Carlos golpeando el tambor y mirándome de reojo con resentimiento, porque todos saben que se quedó colgado desde aquella noche en la que le regalé un baile.

El hombre de ojos negros no nos miraba mientras nos daba vueltas a cada una con una mano. La verdad es que me reconfortó saber que Tania estaba allí cerca, porque me dio miedo caer en el abismo de la mirada infinita del hombre perdido.

A mí me gusta trabajar en el “Dos Naciones” porque a cierta hora de la noche encienden las pantallas que cuelgan en las esquinas para poner películas porno y los hombres se ponen bien prendidos y empiezan a pedir más que bailes.

limulus_dos_naciones_2

Pero a éste como que no le interesó el porno y nos siguió pagando baile tras baile tras baile tras baile, hasta que mis piernas no pudieron más y me dejaron caer al suelo.

Debí quedar inconsciente porque lo siguiente que recuerdo es estar bajo la pista de baile viendo sobre mi cabeza a través de una de las ranuras de la tarima vieja la luz tenue del bar, los pies de los hombres perdidos, el sonido lejano de Carlos tocando el tambor.

Allí abajo alcancé a ver lo blanco del ojo del hombre perdido relucir en la oscuridad, como buscándome, y eché a correr en dirección contraria por los túneles que se esconden bajo todos los pisos de madera del D.F.

limulus_dos_naciones_3

Extenuada, pensé que ya nunca lograría salir de ese submundo cuando por fin encontré un parquet al que le faltaba una pieza.

Cuando logré salir por el hueco de la madera me encontré en un apartamento oscuro. Me espantaron los ojos de un gato, negros, sin pestañas ni cejas como los de aquel hombre, y salí corriendo, corriendo por toda la Juárez, corriendo por todo Chapultepec, corriendo hasta que pude sentirme a salvo.

Desde entonces no he vuelto al “Dos Naciones”.

limulus_dos_naciones_4

*Periodista española con más de cinco años de experiencia en agencias de noticias, periódicos, radio y televisión. Actualmente es videoperiodista de Associated Press en México D.F. Antes fue corresponsal de la Agencia Efe durante tres años en Nueva York. En esta revista ha publicado otro cuento, que puedes leer aquí: http://limulus.mx/d-fabula-patrick-miller/

**Interesada por las artes, diseño y la fotografía Paulina Campos, Mexicana de nacionaidad, se graduó de la Universidad Iberoamericana en Diseño Industrial. Sin embargo, su pasión por la fotogafía estuvo siempre muy latente. Por esta razón y después de pasar 6 meses estudiando fotografía de manera autodidacta en Australia, su carrera profesional cambió de giro y ahora se dedica 100% a la fotografía en México. Apoyándose con estudios en La ACTIVA de Fotografía, en Taller Estudio Urquiza, y en la escuela de fotografía International Center of Photogrphy (ICP) en Nueva York Paulina es fotógrafa freelance, quien ha trabajado en Retrato Editorial y de Moda para Vogue México y Hotbook; proyectos documentales, producto de joyería, evento sociales, arquitectura, y de deporte. 

Artículos relacionados