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Límulus

El dolor de las flores Parque “Ramón López Velarde”

Fotografías de Alex Dorfsman

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“Ahora voy a hablar del dolor de las flores para sentir más el orden de lo que existe”

–Clarice Lispector, Agua viva.

Leticia Hernández Pacheco se encuentra en el Prado 16 del parque “Ramón López Velarde”, al que conoce casi desde el año de su construcción, cuando, tras el terremoto de 1985, los vecinos vieron poblarse una gran extensión de tierra con árboles, flores, arbustos, tezontle granulado, cemento y juegos para niños.

Vecina desde hace 28 años, Leticia ha sido testigo del abandono y deterioro que ha padecido el parque. Hace tres años que se jubiló de su trabajo de toda la vida y abrazó una nueva actividad: acudió con las autoridades a ofrecerse como jardinera voluntaria, pues no encontraba otra forma de generar cambios en el paisaje del parque.

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Sin descansar un solo día, Leticia decidió concentrar sus esfuerzos en el Prado 16, uno de los más acabados y difíciles de restaurar. Sus esfuerzos se canalizaron también hacia la comunidad al acudir a las juntas vecinales y unir su voz a las demandas ahí producidas. Pero ella ha sido poco escuchada y apoyada, pues en su búsqueda ha apelado a un sentido de responsabilidad civil y de ciudadanía mermado por el tiempo contemporáneo, por la permanente prisa que nos aqueja (o que nos inventamos) y por la falta de compromiso hacia aquello que representa un beneficio para todos.

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El abandono del Prado 16 es el reflejo de un problema complejo, de cuyas aristas Leticia es consciente. Convive con ellas cada vez que coloca un apoyo para que los troncos de los árboles desnutridos crezcan erguidos, cuando pasan días sin que se irrigue agua, cuando tiene que esconder sus herramientas de trabajo entre los arbustos para que no se las roben, incluso cuando tiene que defenderse de las amenazas de los vagabundos que habitan el parque, de las amenazas de quienes arrancan las flores bajo la justificación de que se encuentran en un espacio público y de las de los trabajadores, que se sienten desplazados en su labor (en realidad, lo que hace Leticia es procurarles consejos sobre el cuidado de las plantas, pero son ignorados toda vez que estos cuidados implican atención y tiempo).

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Con muy buen humor, Leticia reduce los obstáculos anteriores, propios de las acciones humanas, para relatarnos que uno de sus principales enemigos en el cuidado del ecosistema que atiende son las ardillas, roedores que, por su parte, sí cuentan con el apoyo y la admiración vecinal.

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Pero no todo es negro. Leticia ha logrado contagiar su entusiasmo por la recuperación del parque a otras personas y todos los domingos, por ejemplo, recibe la ayuda de un señor que viene desde Chimalhuacán a trabajar con ella. También ha contagiado a los miembros de la AsambleaRoma1, un espacio que no reúne sólo a vecinos, sino a personas de distintas procedencias que sintieron la necesidad de convocarse movidos por el dolor y la indignación que hoy representa el número 43, y que se dirige antes que a otro lado, al ejercicio de reflexión y practica de comunidad, es decir, de aquello que se genera a partir de reunirnos ciudadanos a compartir información, acciones y saberes.

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Juanpablo Avendaño relata su encuentro con Leticia:

Conocí a Leticia la noche de nuestra segunda asamblea. Eso tendrá mes y medio, me parece que ella se acercó por una vecina suya, quien seguramente también conoce lo que Leti hace y quien le ha de haber dicho, me lo imagino así, “Leti acércate, están haciendo esto, ve a ver que pasa”. Así que ahí estábamos y en algún momento después de varias intervenciones Leti toma la palabra y nos comienza a platicar de manera muy concisa la larga lista de vicisitudes que sufre el Jardín Ramón López Velarde (RLV), y que pues ella estaba asistiendo de manera diaria tres horas, desde hace tres años, en atención a esto. Yo creo que a todos nos impactó y de manera muy natural se decidió que nuestra próxima reunión tendría que ser en el Jardín RLV. En ese siguiente encuentro, el 11 de enero de este año, Leti nos dio el recorrido por sus prados y, pues ya sabrás, todos estábamos admirados como babeando de amor, ante las palabras, y el rigor con el que Leti lleva su tarea. 

Y así, aprovechando nuestro enamoramiento, de pronto ya estábamos en otra área del parque, en un par de prados de no pequeñas dimensiones que, Leti nos cuenta, han recibido el nombre de Ampliación del parque: área que se encuentra -hasta donde nos informa- fuera de las responsabilidades de quienes trabajan ahí, condición heredada de los sismos del 85 y de la horrible construcción del Pabellón Cuauhtémoc.

A partir de entonces hemos estado yendo los domingos a estos prados, en lo que ya denominamos como brigada permanente, oscilando entre 7 y 14 personas tratamos de recordar las instrucciones de Leti.

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“Entre las enseñanzas de Leticia que yo más aprecio está el entender que la salud de los árboles empieza por la salud del suelo, de ahí que lo primero es des-endurecer, remover la tierra aflojándola para que el agua pueda penetrar. Hay que hacerlo con cuidado, los árboles -nos hemos quedado con la idea de que no- pero son muy sensibles. Hay que cuidar, a la hora de remover, no romper mucho sus raíces capilares.” -Juanpablo Avendaño

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Por su lado, Alex Dorfsman también quedó cautivado, primero con el parque y luego con Leti y su trabajo:

Hace un año y medio me mudé a la Colonia Roma, y para mi sorpresa tenía un parque a 3 cuadras de mí, lo había visto de lejos, pero nunca había entrado. Empecé a descubrir el parque gracias a un perro al que cuidaba de vez en cuando y lo levaba a pasear ahí.

Me sorprendió el área tan grande del parque. Los juegos para niños, el área deportiva, las esculturas sesenteras (supongo), la fuente a veces con agua, a veces vacía; pero lo que mas me maravilló del parque es la intimidad que puede provocar; es tan grande, con tantos árboles, puentes, caminos sinuosos que sentía estar en otro lugar fuera del caos de la Ciudad de México y justo al lado de mi casa.

Siempre he tenido la atracción y podría decir obsesión de observar vegetación, ya sea en un bosque o como en este caso, un parque. Me concentro principalmente en los pequeños detalles que son un mundo independiente en medio de un vasto universo de plantas, árboles, flores, etc.

Cada que iba al parque tomaba fotos con mi celular, sólo por el gusto de tomarlas, pero siempre eran en baja resolución. Cada día me fijaba a qué hora daba el sol en ciertos puntos para regresar y tomar las fotos con la cámara grande, nunca lo hice, quedó en la lista de pendientes.

De pronto, me invita mi amiga Mónica Castillo a la segunda Asamblea de la colonia Roma en la Plaza Luis Cabrera en donde pensé encontrarme a varios amigos, y para mi sorpresa solamente encontré a cuatro, entre ellos Juanpablo Avendaño, con el cual había colaborado en su proyecto “Conejoblanco”.

Posteriormente, me invita de nuevo Mónica a la asamblea pero ésta vez era en el parque, no sabía a lo que iba, hasta que conocí a Leticia, una mujer admirable y con una paz interior impresionante que nos platicó acerca de su trabajo y con la que estuvimos platicando acerca de estrategias para cuidar y salvar el parque junto con ella.

Decidí que mi primer colaboración sería documentar el trabajo que ha hecho Leticia durante 3 años y posteriormente documentar las partes descuidadas, y así en el futuro ir documentando los avances. De esta manera podemos hacer una carpeta llamativa y atractiva para poder ir a la delegación y ver que es un hermoso parque, que los vecinos nos estamos juntando para ayudar a Leticia, pero que necesitamos su ayuda también.

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“Cuando llegamos al JardínRLV vamos a saludar a Leti. Lo suyo ya es un paraíso comparado con nuestra ampliación del parque, pero definitivamente nos inspira. Luego ella se acerca a nosotros a darnos norte a animarnos. ‘Paciencia, muchachos’, eso es lo principal nos dice.” -Juanpablo Avendaño

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Mientras nos explica cómo ha trabajado su prado, Leticia revela uno de sus aprendizajes: “Nunca hay que ir en contra de la naturaleza, sino en favor de ella”. Entonces reparamos en que para ello, Leticia ha observado y asumido los ritmos que la tierra, el agua, el sol, los árboles y diversas plantas presentan. Descubrimos que en la comprensión de esa frase subyace la paciencia con la que Leticia ha encarado cada una de las adversidades con las que se ha encontrado en estos tres años.

Esa comprensión del tiempo la siente un paseante cualquiera cuando decide descansar en algún parque, se sienta y escucha el viento soplar entre las hojas, respira la frescura de la sombra y huele la tierra removida por el jardinero y los animales.

Las áreas verdes en los espacios urbanos son fundamentales para vincular a sus habitantes con otro tiempo, uno más tangible, y con otro sentido de comunidad.

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“No queremos que tiren árboles enfermos, queremos curarlos” -Alex Dorfsman

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