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Límulus

El lugar al otro lado Parhíkutini

Texto de Priscila Vanneuville

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Fotografías por Max Dossin y Chantal Garduño

Magma

De 12 kliómetros es la excavación más profunda que el hombre ha realizado en la historia. Si pensamos que el radio de la Tierra es de 3,500 km, a los geólogos les quedan 3,488 km por recorrer. Una de las limitantes para realizar la fantástica empresa que imaginó Julio Verne en el Viaje al centro de la Tierra son las altas temperaturas: el centro del planeta está compuesto por rocas fundidas a una temperatura que oscila entre 700 y 1,200 grados Celsius y el calor aumenta a cada metro de profundidad. El llamado magma es de una composición similar a la del sol, pero a una temperatura 5 veces menor (la superficie del sol está a 5,500 Cº) y los continentes y mares flotan sobre este líquido.

A veces se generan burbujas en la substancia ardiente. Estas burbujas crecen y van incrementando, con el tiempo, sus niveles de gases y otros componentes hasta convertirse en una especie de olla a presión que es susceptible de explotar de un momento al otro. La explosión de estas burbujas por la energía acumulada o por un movimiento tectónico genera una ruptura en la corteza terrestre y nace un volcán.

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Nacimiento

En 1943, en Michoacán, los habitantes de Paricutín y San Juan Viejo Parangaricutiro presenciaron el fenómeno descrito brevemente arriba. El Paricutín, o Parhíkutini en purépecha, es el volcán más joven del hemisferio norte y el único que los científicos han podido monitorear desde su nacimiento hasta su extinción.

Según cuenta Felipe, actual guía purépecha del sitio, la primera fisura se abrió en los sembradíos de maíz de Dionisio Pulido, campesino del pueblo de Paricutín que sintió un temblor y vio cómo se abría el suelo. Dionisio no se imaginó lo que estaba presenciando ni lo que ocurriría después: el nacimiento de un volcán que permanecería activo por nueve años. Algunos de los actuales habitantes de Angahuan, los ancianos, recuerdan aquel periodo. Antes del primer temblor hubo una gran plaga de chapulines que arrasaron con los cultivos; según dicen, tal vez fuera un presagio de los temblores consecutivos que acontecerían semanas después. De los dos pueblos, Paricutín y San Juan, sólo la iglesia del segundo tenía sacerdote. Dicho sacerdote bendijo una cruz que se colocó en San Juan para invocar la protección divina, pero esto provocó el disgusto de los habitantes de Paricutín que cortaron la cruz de la que brotó sangre.

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“Durante esos nueve años continuamente caía ceniza y se escuchaban explosiones”, le dice su abuelo a Felipe. Y mientras el volcán se elevaba día con día, los dos pueblos quedaron sepultados por lava y por hasta dos metros de altura de ceniza. La leyenda cuenta que ese fue el castigo que recibieron sus habitantes por “quemar” la cruz.

Hoy en día, la zona sigue siendo un foco de conflicto entre las poblaciones aledañas y esta es una de las razones por las cuales la UNESCO no ha aprobado la postulación de los geólogos michoacanos para que esta área se convierta en un geoparque. Estos conflictos son de orden ideológico y sobre las formas de explotación de la zona, pero lo cierto es que gracias a las creencias religiosas arraigadas, se logró en 1994 la primera evacuación exitosa sin bajas en la población. Una evacuación de esta magnitud puede resultar difícil ya que la gente no quiere abandonar sus bienes ni sus tierras, por esto, el gobierno se apoyó en la iglesia para organizar la peregrinación del Señor de los Milagros a la cual todos los habitantes asistieron. Se dice que, detrás de la procesión, la lava seguía los pasos de los peregrinos que fueron reubicados con éxito.

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Extinción

El pueblo de Parícutin quedo engullido por roca volcánica. De San Juan Viejo quedan, hoy, trazos de calles cubiertas por ceniza y restos de muros de algunas construcciones.

Quedan misterios sin resolver en esta tierra que fascinó a Dr. Atl, quien presenció el nacimiento del volcán y abandonó sus actividades artísticas en la Ciudad de México para estudiarlo. Victor Hugo Garduño, vulcanólogo michoacano, nos habló, por ejemplo, de una investigación que se lleva a cabo sobre los minerales de la lava del Paricutín, ya que presentan una anomalía magnética muy particular: si uno lleva una brújula a ciertas zonas de la erupción, la aguja no indica el norte sino que se mueve sin cesar.

Otra incógnita es la perduración del altar de la iglesia del Señor de los Milagros en San Juan Viejo después de los nueve años de actividad volcánica. La explicación científica de este suceso parte de la observación de que la lava avanzó de forma perfectamente paralela al sólido muro y a los campanarios. Pero por el otro lado, siempre existirá en el pueblo purépecha la creencia de que ahí tuvo lugar un milagro. El altar del santuario, aunque de difícil acceso por la roca volcánica, es visitado continuamente por los habitantes para dejar ofrendas y plegarias al Cristo.

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La última erupción del Paricutín antes de su extinción tuvo lugar en el año 1952.

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Victor Hugo Garduño y Felipe, nuestro guía purépecha

* Límulus agradece todo el conocimiento que nos compartieron Victor Hugo Garduño y Felipe.

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