menu close

Límulus

ELENA FORTES El café de la Habana

Fotografías por Toumani Camara

Elena Fortes es la directora de un festival fuertemente relacionado con la exposición de circunstancias, momentos, espacios y tránsitos (como su nombre, Ambulante, lo indica). Su proyecto recorre México año con año, y cada vez llega más lejos.

Le preguntamos: ¿Puedes nombrar un espacio de la ciudad en la que vives en donde creas que confluyen, de forma significativa, diversas realidades?

A partir de esta pregunta Elena eligió el café La Habana para realizar la entrevista:

Elena Fortes: Me pareció interesante seleccionar este lugar porque al reflexionar sobre  la mexicaneidad, me parece que es imposible llegar a alguna  definición genérica de este término o de cualquier significante de identidad, como se ha intentado innumerables veces en la historia del país. Creo que las identidades son siempre mutantes y pensé que en lugar de buscar un lugar físico en el que confluyan  o se evidencien estas llamadas facetas y realidades que se aproximan a una identidad de México, sería más interesante pensar en un lugar más abstracto: un espacio de intercambio ideológico, a partir del cual se construyen identidades y realidades. Un intercambio constante de ideas implica que la “identidad” está destinada a una eterna permutabilidad. Este café, y de alguna manera, todos los cafés, representan ese espacio histórico de intercambio. La visión revolucionaria que se gestó  entre Fidel Castro y el Che Guevara aquí mismo, permeó profundamente el pensamiento latinoamericano. Las conversaciones entre Bolaño y los infrarrealistas, por ejemplo, junto con su consigna “volarle la tapa de los sesos a la cultura oficial,”  en mi caso, han inspirado mi trabajo. No me ubico en un sólo campo de acción, como aquel llamado “campo cultural oficial”, porque creo que las acciones individuales y colectivas tienen que ser irreverentes, permear diversos campos y reinventar las reglas del juego para generar una transformación real. 
Por supuesto que también me parece interesante contemplar este sitio en el contexto del Centro Histórico dentro del cual está ubicado. En este espacio conviven múltiples manifestaciones arquitectónicas/históricas/artísticas (que abarcan desde las culturas prehispánicas hasta las modernas),  socio-económicas y políticas (conquista, Tlatelolco, marchas civiles y políticas), la riqueza y la pobreza extremas (centros comerciales y hoteles de lujo, a unas cuadras de  La Merced y Tepito), y el surrealismo de los mercados y la lucha libre. Este palimpsesto espacio-temporal, sociopolítico y económico, por sí solo es una aproximación más acertada a una identidad, que cualquier discurso oficialista de unificación o de aniquilación de diferencias.

L: Hablas de ciertos momentos decisivos para la sociedad y momentos  históricos. En ese sentido y en relación a lo que tú haces, ¿cómo crees que el genero documental puede modificar ciertos paradigmas sociales?

EF: El documental ofrece ciertos puntos de vista acerca de realidades; las dibuja de maneras distintas y es importante porque fomenta el pensamiento y la reflexión crítica en torno a situaciones de nuestro contexto social, político, global, etc. No quiero decir que un documental por sí mismo lleve a un tipo de transformación o de cambio total, pero sí genera esa reflexión.

Creo que también es importante resaltar que ha aumentado mucho la producción del documental y de su público. No sé si eso tenga que ver con la forma en que ha ido evolucionando la tecnología. Por un lado se ha vuelto mucho más fácil y económico producir documentales, por otro, existe una necesidad o búsqueda de otros puntos de vista en los medios.

L: ¿Cómo interpretas la creciente expansión de Ambulante en la República Mexicana?

EF:  Desde el inicio ha sido un experimento. Partimos de la hipótesis de que había público para documental y que el problema básicamente era la falta de exhibición. El Ambulante 2012 no hubiese sido posible sin los 7 años de recorrido. Cada año fuimos conociendo más los estados, nuestro público, consiguiendo un equipo grande de voluntarios en todo el país que tomara el festival, lo personalizara y lo hiciera suyo. No queríamos que lo sintieran como una invasión porque nuestras oficinas están en el D.F.

El público ha crecido en un 650%. Cambia mucho la recepción de los documentales en cada uno de los estados. El festival acepta la diversidad, se adapta y va cambiando. Ambulante tiene una identidad mutante, así va transformándose en cada uno de los estados en un mismo recorrido.

L: ¿Nos puedes dar un ejemplo de distintas reacciones a un mismo documental por regiones o zonas del país?

EF: Te puedo dar el ejemplo de El velador, documental de Natalia Almada, que de manera tangencial aborda la violencia en México y habla sobre la vida en un cementerio de Culiacán dónde están todos los mausoleos de la mayoría de los narcos muy jóvenes. En Estados Unidos la población mexicana lo recibió muy mal: “si siempre escuchamos cosas horribles de México, ¿por qué seguir viéndolas acá?” En otros lugares fue muy bien recibido. Varía mucho. Algunos documentales tienen un mensaje político y, por ejemplo, en Oaxaca que es un estado de mucho movimiento social son muy bien recibidos, mientras que en Monterrey, hace unos años, tenían muy poco público.

L: ¿Qué sitios te han sorprendido?

EF: Tijuana,  siempre. Cada año es una sorpresa. Oaxaca, Hermosillo, Jalapa, digo sobre todo sitios donde prácticamente no existía una iniciativa parecida. No sólo de documental, sino de cine independiente en general. Creo que la respuesta ha sido muy buena incluyendo a las producciones que se han empezado a generar en esos estados.

L: ¿A qué lugares a los que aún no llega Ambulante te gustaría extenderlo?

EF: Por mí, la verdad, a todos. Nos gustaría ir a Campeche, a Yucatán, porque hace muchos años que no vamos. Y tenemos muchas solicitudes para ir a Tamaulipas, Coahuila y Sinaloa. El problema ahí es la inseguridad. Tampoco podemos poner en riesgo a los invitados internacionales. Pero es importante que vayamos de alguna manera, aunque sólo sea mandando los documentales. Pero sí es necesario generar esos espacios de cultura.

L: En relación a las reacciones de estos nichos cubiertos, ¿te han hecho modificar tu opinión sobre el formato audiovisual hoy en día? ¿Te has cuestionado el futuro o el impacto real de un formato como éste?

EF:  Sí. Por un lado, es un llamado a ser cautos en la forma en la que se muestra un mensaje y cómo lo puede interpretar la gente. Es una responsabilidad grande como cineasta. A raíz de la experiencia del festival, además de llevar los documentales es importante también llevar herramientas de producción a lugares donde no existen. Finalmente, incluso en México, las ofertas de formación profesional de la producción nacional para documental son muy escasas y tienen una agenda específica. Así que estamos buscando diferenciar esas ofertas con otro proyecto que se llama Ambulante más allá. Consiste en llevar el equipo y capacitación al sureste del país a grupos de jóvenes indígenas para que puedan hacer sus documentales desde otra perspectiva, que sea única y no el resultado de una agenda impuesta por alguna organización que trabaje con ellos a nivel comunitario, sino que realmente les permita una libertad creativa absoluta. Por otro lado, también queremos ofrecerles el festival como una muestra de referencias estéticas, visuales y narrativas de otros países.

L: ¿Puedes recomendarnos tres documentales mexicanos que crees hayan tenido un impacto o te hayan marcado?

EF: Puedo recomendar muchos. En términos de contenido que muestren los principales problemas de este país recomendaría: Presunto culpable y ¡De panzazo! Para mí, documentales excepcionales de este año [2011] son: Cuates de Australia, el último documental de Everardo González que de alguna manera aborda el campo, las condiciones adversas a las que se enfrenta, la pobreza, la sequía, el cambio climático, la migración. El lugar más pequeño, que es un documental mexicano sobre la guerrilla en El Salvador y El velador.

L: ¿Dónde te verías hoy si no estuvieras en Ambulante?

EF: Qué difícil pregunta [risas] pero probablemente en algo de diseño, que a eso estaba encaminada. Sí, creo que estaría vinculada a algo visual y también creo que tengo una parte activista. Me interesa involucrarme, no necesariamente dentro de la política, pero sí tratar, desde la trinchera en la que me encuentre, de hacer algo por mejorar las condiciones de México. Conjugaría esa parte visual con una parte más activista.

L: Que sin duda es lo que haces hoy, ¿no?

EF: Sí, más o menos [risas].

Artículos relacionados