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Límulus

Entre Juan Almela y Gerardo Deniz, la síntesis

Texto de Mar Gámiz

Fotografías de Toumani Camara

Toumani Camara Velázquez

Gerardo Deniz quisiera que la cara de un gato estuviera labrada en su tumba. Deniz, después de todo lo leído, lo visto, lo experimentado y aprendido, descubrió la perfección del gato, de quien no escasean referencias en su obra… como tampoco al sexo,  la química, los idiomas, la literatura y al sentido del humor.

Esta enumeración un tanto ruda de algunos de los temas recurrentes en su poesía se presentó también durante la charla que sostuvimos con él, una mañana cálida de abril. Sentado en un sillón de la sala, con bastón en mano y la mirada nublada, esbozó una sonrisa que de inmediato derribó las barreras de vergüenza y nervios que se suelen experimentar al momento de entrevistar a alguien admirado. Dotado con los dones de la memoria y del habla, comenzó una plática que provocaría, a quien escribe estas líneas, varias carcajadas, producto de la ironía acerba del poeta.

Toumani Camara Velázquez

La admiración mencionada antes parte, en un principio, del dominio lingüístico de Deniz, quien, como Juan Almela (su nombre de bautizo) realizó a lo largo de su vida traducciones de múltiples idiomas, entre los que se cuentan el sánscrito, el sueco, el latín, el ruso, el alemán, el italiano, entre otros. No obstante, al ser preguntado por la traducción, después de aborrecerla, prefiere cambiar de tema, aunque sí concede algunas anécdotas. Por ejemplo, cuenta cuánto sufrió traduciendo, por petición expresa de Octavio Paz, los poemas de Vladimir Maiakovsky; cuenta que su maestra de alemán fue la hermana de Mariana Frenk y, más importante, que empezó a aprender idiomas por su interés en la Química, puesto que todos los artículos estaban escritos en cualquier lengua, menos el castellano.

Toumani Camara Velázquez

Y es que la gran pasión de Juan Almela / Gerardo Deniz fue siempre la Química. Después de haber vivido más de 70 años en México, piensa que nunca debió haber salido de Suiza, (a donde llegó por razones políticas del padre, exiliado español) pues el tiempo que tiene de vida es el tiempo en el que se dieron los grandes descubrimientos relativos a esta ciencia, precisamente en dicho país europeo.

Explica: “La síntesis orgánica, en la Química, era una de mis debilidades, le dediqué mucho tiempo y esfuerzo a leer –casi no pude practicar nunca– sobre ella.” “Era demasiado pedir encontrar a alguien que le interesara la síntesis orgánica y no estuviese al mismo tiempo peléandose con el señor del laboratorio de al lado para ver quién conseguía la chamba, el viaje, el laboratorio, la fiesta…”.

Toumani Camara Velázquez

Porque el joven Almela sí entró a trabajar a un laboratorio, pero le bastaron unas cuantas sesiones para ver demasiado: envidias, intrigas y egolatrías que distaban mucho de la experimentación in situ.

Sin embargo, el asombro e interés que le producía la síntesis orgánica (que consiste en estudiar las moléculas y provocar las reacciones químicas) lo trasladó, poco a poco y con mucho esfuerzo, a una de las actividades a las que terminaría dedicando su vida: la poesía.

Por un lado, la construcción de compuestos orgánicos, complejos, a partir de moléculas simples; por el otro, la construcción de significado, en poemas pletóricos de asociaciones, a partir de palabras. El deseo constante de Juan Almela, el científico (el traductor), fue la síntesis orgánica, que destiló lingüísticamente Gerardo Deniz, el poeta, en la expresión más bella y sintética del lenguaje.

Toumani Camara Velázquez

Para leer a Deniz, es recomendable conseguir Erdera, la edición de su poesía completa hecha por el Fondo de Cultura Económica. 

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