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Límulus

Fernando Cisneros Barítono en ciernes

Texto de Jorge Comensal

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Cada vez que conozco a alguien menor de setenta años con gusto por la ópera, siento una enorme alegría y curiosidad por saber cómo se aficionó a este género musical tan mal comprendido. La mayoría de las personas asocia la ópera con un público snob vestido de gala y cantantes obesos vestidos de vikingos. Sin embargo, para Fernando Cisneros, un joven barítono en formación, la ópera es el punto máximo en el canto. Su pasión por este género musical se funda en una tradición familiar, pues su abuela era pianista egresada del Conservatorio Nacional de Música y su padre cantaba en el Coro del Colegio Alemán desde la adolescencia. Personalmente, su primer acercamiento a la ópera fue a los dos años de edad con el Singspiel de W. A. Mozart, “El Rapto en el Serrallo”, donde su padre participó cantando el papel de Osmin en la producción dirigida por el maestro Enrique Jaso.

Para ser cantante de ópera se necesitan, además de una técnica impecable, habilidades vocales y escénicas excepcionales. Además, dada la naturaleza colectiva y grandiosa del espectáculo, se requieren grandes recursos humanos y económicos que no es fácil reunir sin mecenas privados o estatales, muy escasos en México, donde los divos del drama son los futbolistas fingiendo grandes lesiones sobre el pasto.

Aunque nuestro país goza de una rica tradición operística y buenos maestros e instituciones de enseñanza, los espacios para la interpretación son pocos, y la falta estímulos dificulta el desarrollo de los jóvenes cantantes. Fernando forma parte del taller de ópera “CentrÓpera Enrique Jaso” y actualmente estudia con el maestro Miguel Hernández, quien heredó el legado musical del maestro Jaso y continúa transmitiendo esta pasión tan grande por la música. Ha tomado clases maestras con grandes cantantes de talla internacional como Mónica Chávez y Noé Colín.

Fernando comenzó a estudiar piano a los seis años de edad con la maestra Silvia Alonso. A los diecinueve años ingresó a la Escuela Nacional de Música para cursar la Licenciatura en Piano, pero se dio cuenta de que aunque quería dedicar el resto de su vida a la música, no quería dedicarse a ser concertista de ese instrumento. Actualmente cursa el último semestre de la carrera en Ingeniería en Producción Musical Digital en el Tecnológico de Monterrey y pretende continuar sus estudios de posgrado en el extranjero.

La voz de Fernando es la de un barítono lírico, una tesitura masculina más grave que la de un tenor, pero no tan grave como la de un bajo. Aunque un cantante puede emitir notas en un registro muy amplio de frecuencias, cada voz tiene una vocación específica, un rango de notas en las que se expresa con mayor facilidad y belleza. Así, encontrar los papeles más adecuados a la voz propia es un elemento crucial en la carrera de un cantante, ya que de ello depende su éxito interpretativo y la salud de su instrumento.

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En las grabaciones que acompañan esta nota, podemos escuchar a Fernando Cisneros cantando dos arias de Las bodas de Fígaro, ópera bufa de Mozart. Fígaro, el astuto criado que protagoniza la ópera, es un personaje sumamente complejo, cuya variedad emocional desafía la capacidad interpretativa del cantante. La música compuesta por Mozart para Fígaro le favorece a un barítono bajo de las características de Fernando, es decir, un barítono con una sólida capacidad para cantar las notas más graves.

 

 

Escuchemos las arias. En Se vuol ballare, Fígaro, enfurecido por el deseo de su amo, el Conde de Almaviva, de acostarse con su prometida Susanna, planea boicotear las feudales intenciones de su amo. Con cierto resentimiento irónico, asegura que desentrañará los planes del conde (Tutte le macchine). Lo desafía en su fuero interno: si quieres bailar (Se vuol ballare) entonces yo tocaré la guitarrita (il chitarrino le suonerò), harás lo que yo quiera.

Por otro lado, en Non più andrai, Fígaro interactúa con un paje travieso, Cherubino, que está a punto de ser mandado al ejército por el conde, a causa de los enredos que su lascivia produce en el palacio. Así, Fígaro le advierte que ya no podrá andar (Non più andrai) cortejando muchachas, sino que ahora marchará por montañas y valles (Per montagne, per valloni), con el ejército. Por eso la música y el tono fingidamente solemne de Fígaro evocan una marcha militar.

A Fernando le gusta el papel de Fígaro porque es una personaje honesto, un hombre común y corriente de buen corazón. Es cómico pero al mismo tiempo inteligente y astuto. Constantemente está un paso adelante del Conde Almaviva y su amor por Susanna es genuino. Como barítono, este joven músico admira a los cantantes Thomas Allen, Samuel Ramey, Peter Mattei y Gerald Finley. Le gustaría llegar a interpretar papeles como El Conde y Fígaro de Las bodas de Fígaro, Don Giovanni de la ópera homónima, Belcore del Elíxir de Amor, Fígaro del Barbero de Sevilla, Marcello de La Bohème y, ya con mayor madurez vocal, Enrico de Lucia de Lammermoor y Rodrigo de Don Carlo.

Esperamos que, como muchos cantantes jóvenes de México (Javier Camarena, Rebeca Olvera, María Katsarava, entre muchos otros), Fernando pueda continuar su sólida formación y que, siguiendo el ejemplo admirable de Francisco Araiza, enriquezca el mundo operístico mexicano tanto como el internacional.

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