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Límulus

“Hablo de la ciudad” Jamex

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“Hablo de la ciudad construida por los muertos”. Así empieza el poema que Octavio Paz dedicó a su amigo, también escritor, Juan Gil-Albert. Este poeta valenciano acompañó de cerca a Paz desde la celebración en 1937 del II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas, en España, hasta su exilio en México, cuando trabajó como secretario de la revista Taller durante algunos años, antes de viajar a Argentina en 1947.

Juan Gil-Albert no fue solamente un español transterrado, sino un hilo conductor entre los escritores vanguardistas españoles y Jorge Luis Borges. En sus ojos se aglomeraron escenas de muerte, de letras y de ciudades que, entre todas, forman la ciudad de la que habla Paz en este poema.

Por su parte, Javier Romero (Jamex) toma el poema de Paz para ofrecernos esta precisa animación de la ciudad de México. En ella se pueden reconocer varios de los edificios característicos del Distrito Federal, así como los volcanes y cerros que lo rodean. La vista que ofrece Jamex tiene como propósito reflexionar acerca del crecimiento masivo y vertiginoso que ha cambiado el rostro del Distrito Federal.

Según Jamex, “la masividad y la interconexión han podido con casi todas las ciudades del mundo, haciendo dudar de lo que queda del nacionalismo místico que reside en pequeñas poblaciones, al tiempo que ha provocado la pérdida de las particularidades culturales de las personas que habitan los espacios urbanos. Una poderosa idea de ciudadano mundial crece como fuego en sequía y el Distrito Federal no es la excepción.”

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Continúa describiendo el proceso de avistamiento:

“Parado en el parque ecológico de Azcapotzalco (antigua refinería) es en donde puedo observar por primera vez algo que sospechaba: la ciudad de México tiene un nuevo skyline 1  con una masividad notable. Comienza en Santa Fe y baja por las montañas hasta Polanco II (“Azcapolanco”), cruza por Polanco I. Sigue por la ahora muy imponente Avenida Reforma, que se extiende hasta el centro histórico con la coronación y alineación de todos los demás edificios hasta la primera torre, la Torre Latinoamericana (sólo aplicable desde este ángulo). Veo una extensión de varios kilómetros de alta densidad que me sugieren gran cantidad de actividades. Si uno gira un poco más la cabeza al norte entonces verá morir “el edificio alto” con Tlatelolco y la obscura zona de San Lázaro. En la lejanía  resaltarán los volcanes (si no está contaminado) y el cerro del Chiquihuite, una otrora hermosa cañada, ahora llamada Reclusorio Norte, tras de ella la cadena montañosa que engaña haciendo pensar que no existen otros 30 km de mancha urbana al otro lado. Sin embargo, el nuevo paisaje del Distrito Federal seguirá su camino y si la asequibilidad de energía lo permite, llegará hasta esos parajes, aunque desde hoy ahí viven ciudadanos que tienen algo en común… Ya no puedo reconocer tan claramente ese “sábado, Distrito Federal” que cantaba Chava Flores, más que como parte de una estructura mucho más rica, abierta.”

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1. “Silueta de edificios”, “perfil de la ciudad”.

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