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Límulus

La realidad de los refranes populares: Una investigación del CIMS

Texto por Alejandra Ortiz Medrano
Ilustraciones de Carolina Ríos, Flavia Zorrilla y Abril Castillo

Vamos por la vida repitiendo refranes populares para validar ciertas acciones o hechos que ocurren, sin nunca parar a preguntarnos si estas frases realmente tienen sentido. En el Centro de Investigaciones Medianamente Serias (CIMS) sabemos que es evidente que estas frases no tienen sentido literal, sin embargo nuestro compromiso con la mediana seriedad nos llevó a poner algunos de estos refranes a prueba. He aquí la investigación.

Para empezar, depuramos una base de datos gigantesca de dichos y refranes. El criterio principal fue que las frases pudieran ser puestas a prueba dados los precarios recursos (materiales) del CIMS. Una de las frases preferidas por la población es la motivacional “camarón que se duerme se lo lleva la corriente”. Nos habría encantado probar si esto es cierto, pero para hacerlo habríamos tenido que tener al menos tres camarones y un dispositivo que simulara corrientes marinas. Sobra decir que no conseguimos ni una pecera. Terminamos con cinco frases, de las cuales se presenta a continuación una síntesis de la metodología, resultados y conclusiones.

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Ilustración de Carolina Ríos

En boca cerrada no entran moscas
Es claro que en cualquier orificio o estructura cerrada no entran moscas, incluyendo la boca. Pero aquí la pregunta científica es si en una boca cerrada entran menos moscas que en una abierta, ya que de no ser así, la frase no tendría pertinencia y podría decirse simplemente que en la boca no entran moscas.

De entre la planta de investigadores medianamente serios, encontramos a 15 voluntarios. Diez de ellos entraron a un cuarto con 50 moscas durante 15 minutos; la mitad de los voluntarios mantuvo la boca cerrada todo este tiempo, y la otra mitad abierta. Paralelamente, los cinco voluntarios restantes fueron ubicados en diversos sitios no controlados, como por ejemplo en un pasillo del CIMS o en sus casas, y se les pidió que mantuvieran la boca abierta durante 15 minutos.

Veinte observadores anotaron el número de veces que una mosca se introdujo en cualquier boca. Después hicimos análisis estadísticos que nos confirmaron nuestra hipótesis: en las bocas cerradas no entró ninguna mosca, mientras que en las abiertas sí hubo casos suficientes como para que la diferencia fuera significativa. Sin embargo, ninguna mosca entró en la boca de los cincos voluntarios en condiciones no controladas. Nuestra conclusión es que si bien es cierto que en boca cerrada no entran moscas, es muy poco probable que en una abierta sí lo hagan.

Más rápido cae un hablador que un cojo
En el sentido literal, el experimento involucra la competencia entre una persona habladora y una coja. Esto supone varios retos, entre ellos evaluar el “habladurismo” de alguien. Para esto elaboramos un algoritmo computacional que, utilizando información solicitada a Facebook, nos dijo qué tanto comentaban nuestros investigadores las fotos de otras personas. El algoritmo creó así un índice de “habladurismo”, dando mayor peso a los comentarios en donde se etiquetaba a terceras personas. Así fueron elegidos tres individuos habladores para competir contra tres cojos que fueron convocados mediante un anuncio de ocasión en diversos periódicos de circulación nacional. Adicionalmente, tres personas con un índice de habladurismo elegido al azar también se incluyeron en la carrera.

La carrera consistió en 100 metros planos, los seis concursantes al mismo tiempo. Por una diferencia apabullante, los habladores vencieron a los cojos, y estos últimos cayeron varias veces durante el recorrido de la carrera. La diferencia sin embargo entre los habladores y las personas elegidas al azar no fue significativa, por lo que concluimos que un hablador no cae primero que un cojo, ni tampoco antes ni después que cualquier otra persona; la condición de hablador no interviene en las caídas.

Llamarada de petate
La duración de la famosa llamarada de petate se presume muy corta, pero no sabemos si un petate arde de hecho durante menos tiempo que otros materiales. Este experimento, como otros que ya son clásicos en la ciencia, fue el más sencillo pero también el más concluyente de los que realizamos. Elegimos 500g de peso seco de pasto, lana, papel y petate. Dentro de una cubeta de aluminio encendimos cada uno de estos materiales y cronometramos el tiempo que el fuego tardó en arder. Después procedimos a la comparación estadística.

El petate, valga la redundancia, duró lo que sugiere el dicho: lo que una llamarada de petate. El fuego de este material duró menos de la mitad que el siguiente material que ardió más rápido, el pasto, seguido del papel y la lana. Nuestra conclusión es que el dicho sobre la llamarada de petate es el más certero y literal de los que probamos, y nos atrevemos a sugerir que de la lengua hispana.

La mona aunque se vista de seda, mona se queda
La pregunta filosófica que subyace la prueba de este refrán es ¿cuándo un ser deja de ser lo que es? ¿Cómo evaluar cuando se deja de ser? Después de varias discusiones llegamos al acuerdo de que el evaluador debía ser el mismo sujeto experimental; no habría mejor juez para determinar que se ha dejado de ser, que quien está experimentando este desapego y transformación. Sin embargo, dadas nuestras restricciones en materiales, y aunque la acepción común de “mona” es la de un simio hembra, en el CIMS la prueba fue diseñada para que la “mona” fuera una muñeca de trapo. Los resultados no fueron concluyentes ya que la mona no tiene conciencia de sí misma (ni de nada más), y los investigadores medianamente serios que trataron de determinar si había dejado de ser una mona después de usar un vestido de seda concluyeron que no se podía saber.

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Ilustración de Flavia Zorrila

Todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar

El problema principal en este experimento fue definir el todo , que bajo sentido estricto es inconmensurable e inasible, por lo tanto imposible de acomodar en un jarrito. Como en todo en la ciencia, optamos por simplificar la realidad en un modelo, que en este caso fue todo lo que encontramos sobre la mesa de trabajo del CIMS. Todo en este experimento consistió en: tres cuadernos, un corazón de manzana, dos bufandas, siete lápices, una lima de uñas, el libro Tools for thought de Waddington, dos tarjetas de débito, una taza con té negro, y una macetita con una planta suculenta. Como jarrito elegimos uno de Tlaquepaque.

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Ilustración de Abril Castillo

Con únicamente observar el volumen del jarrito y de todo , supimos que sería imposible acomodar todo dentro de un jarrito. Sin embargo, hicimos el intento. Logramos acomodar dentro del jarrito al corazón de manzana, una bufanda, todos los lápices, la lima de uñas, la bolsita del té negro y la tierra de la planta suculenta. El problema principal fue la estrecha boca del jarrito que impidió la entrada de muchos de los componentes del todo. En este experimento no fue necesario realizar análisis estadísticos, ya que se trataba de un resultado dicotómico: sí cabe todo en un jarrito sabiéndolo acomodar, o no. La respuesta es que no, a pesar de que el todo esté simplificado.

Conclusión general
La pertinencia de los refranes y dichos populares no tiene correspondencia con su validez científica. La recomendación del CIMS es seguir utilizando estas frases, así como seguir utilizando el método científico como forma de diversión.

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