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Límulus

Los LoosersAlimentación en movimiento

Texto por Mar Gámiz

¿Sería posible la vida sin movimiento? La respuesta parece obvia. Pero si nos detenemos a pensar cuántas y cuán diversas son las manifestaciones del movimiento en nosotros y el mundo que nos rodea, podríamos terminar alucinando que somos mecidos por las olas del mar. Algunos cuantos metros debajo de ellas, el límulus nada –se mueve– para alimentarse, pues sin la locomoción de uno de sus pares de patas no podría masticar los pequeños bivalvos y moluscos escurridizos que conforman gran parte de su dieta.

Otros tantos metros afuera y lejos del mar, Mariana Blanco y Yisus Pallares han pedaleado varios kilómetros transportando en sus bicicletas comida vegana, preparada por ellos, a clientes dispersos en la Ciudad de México. Su proyecto se llama “Los Loosers”, en alusión a la visión que de los veganos tiene la sociedad; sin embargo, aunque llevan poco tiempo, su popularidad es tanta que basta una sola hora –de 9:00 a 10:00 am– para que se agote la posibilidad de hacerles pedidos a través de sus cuentas en las redes sociales.

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En una ciudad en la que el veganismo es -para la mayoría- una entelequia, Los Loosers, con su ir y venir inagotable, han contribuido a dotarlo de sustancia… una sustancia, cabe aclarar, constituida por brownies de cocoa y aguacate, pizza rolls con coles de bruselas, hongos y verdolagas, paninis con zanahorias al amaranto, entre otras delicias creativas y saludables, pues, contrario a lo que se piensa, ser vegano no significa estar desnutrido y llevar una dieta aburrida e insípida.

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Mariana y Yisus saben que son parte de un movimiento que procura contagiarse con el ejemplo. El suyo, que es ante todo un proyecto urbano ecológico, usa, según Mariana, “la comida como el gancho” con el que atraer a las personas a llevar una vida sana y consciente, pues no basta leer sobre los beneficios que conlleva ser vegano, muchas veces la convicción llega sólo después de notar que desde que se han adoptado estas prácticas, la gripa o cualquier otra enfermedad no se ha presentado en el cuerpo –no necesitan medicinas. O que se han ahorrado cientos de pesos en comida y el humor ha cambiado favorablemente.

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Ser vegetariano no es, ni remotamente, ser vegano. Para Los Loosers, los vegetarianos no son congruentes ni han adoptado necesariamente una filosofía de vida, como sí lo han hecho los veganos, que procuran actuar en torno a una serie de valores muy sólida, en la que se busca remodelar la vida del ser humano de manera que ésta ya no se base en el sometimiento animal. Tal es así, que los veganos evitan al máximo el consumo de productos de origen animal (miel, lana, piel, artículos de belleza, etc.) y de productos probados en animales (como los farmacéuticos y, en realidad, la mayoría de los productos que hay en el mercado).

Una de las recomendaciones de Los Loosers para entender la vida vegana es ver el documental Earthlings, narrado por Joaquin Phoenix y musicalizado por Moby. Earthling en español significa “terrícola”, es decir, “habitante de la tierra”. Bajo esta etiqueta caben todos los seres vivos: vertebrados, invertebrados, anfibios, mamíferos, aves, etc. Lo que pretende mostrar el documental es que todos tenemos el mismo derecho de habitar el planeta a pesar del deseo voraz y egoísta del ser humano de erigirse como la especie superior.

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Otra recomendación es no dejarse engañar por los medios que responden más a los intereses comerciales que a los sanitarios, por decirlo de una manera, y buscar información constantemente sobre el origen de los productos consumidos. Por ejemplo, Los Loosers han encontrado a sus propios proveedores, unos productores orgánicos localizados en San Gregorio, muy cerca de Xochimilco, en la Ciudad de México. Los padres de Mariana tienen una casa en Cuernavaca en la que sembraron árboles frutales y cultivan hierbas de olor, y con algunos de sus clientes, su relación comercial se basa en el trueque. Su local, pequeño, es totalmente orgánico y sustentable.

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Con muchos elementos en contra (desinformación mediática, deficiencia en la información contenida en las etiquetas de los productos, apatía social, etc.), una periodista y un trabajador de tienda de bicicletas decidieron ejecutar un movimiento decisivo y sacudirse la frustración que les provocaba no encontrar dónde comer vegano. Entendieron que no podían tener alimento sin movimiento y se montaron en sus bicis. La experiencia de poco más de un año les ha permitido apreciar las ondas generadas a partir del movimiento emprendido: han contagiado a muchos el impulso de querer renovar su dieta y, junto con ella, su modus vivendi. Dentro de sus planes está poner un local, pues hasta la fecha continúan preparando la comida en su cocina particular. Esperemos que con el local encuentren un poco de calma para darle un nuevo ritmo al movimiento, que por supuesto, seguirá entregando a domicilio en bicicleta.

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