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Límulus

Los tornasoles de la ascalapha odorata Mariana Magdaleno

Texto por Mar Gámiz

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Fotografías de Toumani Camara

¿Qué tienen en común un coyote y una polilla? La respuesta es, sin duda, difícil de enunciar, a menos que se busque desde la sensibilidad que tiene Mariana Magdaleno respecto al mundo animal.

Por un lado, en sus dibujos destacan la fidelidad a la anatomía del animal y la maestría para sacar de ella partes de la anatomía humana. Trazados con estilógrafo y coloreados con acuarela, sus animales son también personas. O viceversa. El híbrido que forman recuerda constantemente al espectador su naturaleza animal, pero también habla de la carga simbólica con la que hemos investido a ciertos animales.

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Por ejemplo, al coyote. En México, éste se encuentra a lo largo del país, especialmente en los valles y en zonas semiáridas. Aquellos que tienen que defender sus ovejas y gallinas de las garras de este cazador nocturno han reconocido la habilidad del coyote para hacerse de sus presas y han generado leyendas en torno a él. Algunos dicen que el coyote es mágico porque hace un ritual alrededor del árbol en el que duermen las gallinas para que éstas bajen y él las cace. Otros cuentan que hace muchísimo tiempo, el diablo retó a Dios diciéndole que el que llegara primero a una montaña se quedaría con el rebaño del otro. Dios tiene un rebaño de corderos pastoreados por un perro, mientras que el del diablo es de cabras pastoreadas por un coyote. Como era de esperarse, Dios gana, pero al cobrar su recompensa, le dice al diablo que se queda con todo menos con el coyote, al que debe el diablo mandar al desierto.

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La noche, el desierto, el rechazo de Dios: todo participa en la simbolización del coyote a tal grado, que se eligió su nombre para referir al conductor encargado de pasar la frontera a los mexicanos ilegales.

Una de las aficiones de Mariana son los amuletos. Un día, caminando por un tianguis, se encontró con uno que venía acompañado por la oración del coyote, que comienza así:

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De ahí que comenzara una serie llamada “Coyotito hermoso”, en la que procuró usar tanto el poder simbólico del animal como su fiereza natural.

Coyotito hermoso / Mariana Magdaleno from Moebius Tv on Vimeo.

Si bien esta carga de significados alrededor de los animales es importante en la obra de Mariana, no lo es menos la necesidad de dibujar su forma con la atención que pondría un ilustrador científico, así que cuando se le presentó la oportunidad de exponer en el Museo Universitario del Chopo, consideró que la exhibición se realizaría de manera orgánica con respecto a su obra, dado que dicho espacio comenzó como museo de historia natural, para después convertirse en museo de arte contemporáneo.

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Ahí, Mariana descubrió las cualidades pictóricas de la polilla, al tiempo que su nombre científico: ascalapha odorata. En el nombre lleva la penitencia esta mariposa nocturna, pues recuerda a Ascálafo, el chismoso proverbial que impidió la salida de Proserpina del averno. Si bien es cierto que Ascálafo fue convertido por la furia de Ceres (madre de Proserpina) en el búho de mal agüero[1], también es cierto que otra de sus características era ser un ave nocturna, de ahí que se nombrara a la polilla de esa manera.

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“Polilla múltiple”, del Gabinete de curiosidades, tinta y acuarela sobre papel de algodón, 2013. Mariana Magdaleno

La ascalapha odorata es conocida en México como mictlanpapálotl (mariposa del país de los muertos) o miquipapálotl (mariposa de los muertos), también asociada con lo oscuro y negativo. Sin embargo, como se refiere arriba, Mariana Magdaleno descubrió que, si se la mira de cerca y a contraluz, las alas de la polilla reflejan iridiscentes colores tornasolados.

Entonces, ¿qué tienen en común un coyote y una polilla? Que son dos animales que presentan un aspecto distinto según se les mire desde un universo simbólico o uno científico, dos perspectivas de las que Mariana Magdaleno se apropia para convertirlos en arte.

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Foto de Christian Castañeda

1. Así describe la transformación Ovidio: [Después de delatar que Proserpina ha exprimido el jugo de siete granos de granada en su boca, rompiendo así el ayuno condicional para su regreso] Gimió la reina de Érebo y convirtió al delator en una siniestra ave y su cabeza, rociada con el agua del Flegetonte, la convirtió en pico y plumas y grandes ojos. Él, arrebatado de sí mismo, se envuelve en rojizas alas y crece en su cabeza y encorva sus largas uñas y apenas mueve las plumas nacidas a lo largo de sus brazos sin fuerzas y se convierte en un repugnante pájaro, mensajero de inminente dolor, el perezoso búho, siniestro presagio para los mortales”. Cf. Ovidio, Metamorfosis, V, 540-550.

 

Sigue a Mariana Magdaleno en su tumblr:

http://marianamagdaleno.tumblr.com/

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