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Límulus

OBSIDIANA Ana Gabriela González

«Cuídese todo aquel que no pueda contemplar mi rostro cara a cara, donde verá el suyo propio; si es mi enemigo, para él seré un enemigo y la fiera nocturna que aceche su sueño en las pesadillas; si es mi aliado, seré para él un guía en las tinieblas, el jaguar que bajo el impulso de la luna le guíe a las estrellas.»

— Tezcatlipoca

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Fotografías por Tatiana Camacho (www.losiris.com)

En la época del surgimiento y desarrollo de la gran ciudad de Teotihuacán, de 100 a.C. a 700 d.C., la explotación y la talla de la obsidiana se volvieron actividades comerciales importantes para la zona: su transporte, comercio y distribución en general alcanzaron a gran parte de Mesoamérica.

La obsidiana está directamente ligada a la cultura mexica, y específicamente a Tezcatlipoca, una deidad ancestral considerada por los mexicas como uno de los creadores del universo. El negro lo representa, y por esto es considerado el dios de la obscuridad y de todo lo que ocurría en ella (robo, adulterio, etc.).

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Una de sus insignias más representativas es el espejo de obsidiana, el espejo humeante, con el que podía mirar el rostro y el corazón de la gente: él ve todo, pasado, presente, futuro. Dicho espejo, llamado Tezcatl, era empleado exclusivamente por hechiceros como instrumento de magia negra. Observar dentro de sus profundidades permitía viajes a otros tiempos y lugares, al mundo de los dioses y de los antepasados. El Tezcatl, por medio del reflejo, ayudaba a identificar los propios defectos, y al mismo tiempo proporcionaba una imagen clara de los cambios necesarios para corregirlos y eliminarlos.

Para los habitantes del México prehispánico, la obsidiana -mejor conocida como “Iztli”-, tuvo notables aplicaciones y era considerada como materia prima por excelencia para realizar instrumentos de filo y armas. Además, guerreros, sacerdotes y dioses aztecas, portaban objetos diversos fabricados con obsidiana como collares, orejeras, bezotes y cetros. También fue considerada como un bien comercial de intercambio y, por ende, era un objeto de estatus social y de gran importancia económica. Sin embargo, su función principal dentro de las culturas prehispánicas era servir de instrumento de corte: el filo es su propiedad física predominante y supera en precisión a cualquier tipo de acero o aluminio que se use actualmente como instrumento de corte.

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En el México de hoy, podemos encontrar más de cuarenta yacimientos de obsidiana, principalmente en la región de la Sierra de las Navajas en el estado de Hidalgo. En la zona existe evidencia clara de la explotación por los teo­tihuacanos, toltecas y aztecas; siguen en actividad hasta nuestros días. Allí, se extraen toneladas de obsidiana y, para la mayoría de los trabajadores de estos yacimientos, el oficio de la minería se hereda de generación en generación. Hoy en día, existen alrededor de quince minas y en cada una trabajan alrededor de cuatro personas. Cada minero tiene que pagar al menos 700 pesos mensuales al ejido para poder realizar su trabajo en la mina, pero esta inversión es recuperada por la tonelada de piedra que semanalmente se les vende a los talleres de Teotihuacán. La obsidiana suele ser negra, también puede ser verde obscuro o claro, rojiza y veteada en blanco negro y rojo. El precio de un kilo de obsidiana varía dependiendo la coloración y la calidad de la piedra. La dorada, que es de mejor calidad y establece el precio más alto, cuesta 25 pesos por kilo.

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Obsidianas negra, dorada, roja, verde y arcoíris.

Omitiendo algunas cuchillas para cirugías de corazón y de ojos, actualmente la obsidiana es sustraída para la fabri­cación de objetos ornamentales, figuras que imitan modelos prehispánicos, esculturas, máscaras, souvenirs, piedras curativas, ceniceros, joyería, etc. Estas piezas son elaboradas por artesanos de las comunidades cercanas a los yacimientos, como el Nopalillo, en Epa­zoyucán, muy cerca de Pachuca.

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En el Nopalillo es dónde Ana Gabriela González conoció al maestro Juan Castelán, artesano especializado en el trabajo de la obsidiana y antiguo minero de la región. Juan instaló un pequeño taller en la parte de atrás de su casa y enseñó a sus hijos, Juan y Alejandro, las técnicas del trabajo de la obsidiana.

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Generalmente, Juan realiza trabajo por pedido. Señala que los objetos más requeridos son las piedras pulidas para masaje y por esa razón las fabrica prácticamente en serie; también algunos objetos geométricos como pirámides, huevos y esferas, entre otros. Estas piezas le resultan muy fáciles y baratas de elaborar, lo que permite venderlas rápidamente. Juan comenta que uno de los principales consumidores de obsidiana son los turistas, quienes compran “idolitos”.

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Ana Gabriela es diseñadora industrial. Su curiosidad por el trabajo de obsidiana surgió cuando vio un video en donde la piedra en bruto era cortada con cierto ángulo del cual se obtenía un filo tan delgado y preciso que podía atravesar fácilmente una llanta y o una penca de maguey. Después de una extensa investigación histórica, geológica y del contexto social actual, Ana se percató que existe un olvido de la función ritual y práctica de la obsidiana. Encontró ahí una gran oportunidad para implementar sus conocimientos de diseño y aprender de un oficio ancestral; averiguar sobre el valor de la mano de obra mexicana para producir objetos que tengan un uso de relevancia: cuchillos de cocina. Para ello, tuvo que ahondar en las formas antiguas de los objetos punzocortantes.

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A partir de una investigación de los distintos cuchillos de cocina comunmente usados en la actualidad, y de entender el quehacer de Juan, puso en marcha una colaboración en el proceso de diseño.

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Pruebas

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Maquetas

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Juego final

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“Es importante darle un nuevo enfoque y fortalecer la producción artesanal de la obsidiana, buscar nuevos usos y nuevas formas ya que, debido al uso actual, la mayoría del trabajo artesanal es desperdiciado y malbaratado. Esto provoca la pérdida del oficio al igual que una importante y ancestral  tradición.»

—Ana Gabriela González

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www.anagabrielagonzalez.com

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