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Límulus

Reflexiones BAJO LA SOMBRA

Texto por Jazmina Barrera

En su sentido más profundo, la sombra es la cola reptiliana que el hombre aún arrastra tras de sí. Cuando es amputada con cuidado, se convierte en la serpiente curativa de los misterios. Sólo los monos la presumen.  

—Carl Gustav Jung

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Fotofrafías por David Hernández @furia_one

La luz hace la sombra. Todos los días comprobamos la presencia de ese doble oscuro, silencioso y fiel que nos acompaña. Nuestra sombra nos une con el cosmos. Incluso a las doce, la hora sin sombras, eclipsamos al planeta un poquitito, perfectamente alineados con el Sol y la Tierra. Porque estamos pegados a nuestra sombra, siempre algún extremo nuestro se le une. Por eso Peter Pan debe coser su sombra a su figura para no perderla; curioso si consideramos que volar es la única instancia –además de los breves saltos- en la que nos veríamos separados físicamente de nuestra sombra y Peter Pan lo sabe, incluso, la enseña a volar.

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Este “otro” que es como nosotros pero sin rostro, tiene la capacidad de ensancharse, de enflacar o de crecer según la luz, es la metáfora perfecta para una cultura maniqueísta que encuentra en casi todo un “bien” y un “mal”, un lado de luz y otro de sombra, o incluso más recientemente, un lado consciente y otro inconsciente, que suele relacionarse con todo lo oscuro, lo misterioso y lo oculto del humano. La novela llamada El país de las sombras largas debe su nombre a los terrenos nórdicos, tierras de los esquimales, en donde el sol pasa meses apenas asomándose a la tierra y las sombras de las personas se proyectan larguísimas, como extendiéndose hacia el infinito. Físicamente, al igual que la Tierra tiene una mitad de día y otra de noche, los humanos tenemos siempre bajo el sol -salvo exactamente a las doce del día-, nuestro lado de día y nuestra sombra de noche:

“And I will show you something different from either
Your shadow at morning striding behind you
or your shadow at evening rising to meet you;
I will show you fear in a handful of dust.”

“Y te mostraré algo distinto
de tu sombra en la mañana, acercándose tras de ti
o tu sombra en la tarde alzándose para alcanzarte;
Te mostraré el miedo en un puñado de polvo.”

Dice T.S. Eliot, hablando de nuestra sombra en la mañana que nos sigue como un perrito faldero y de nuestra sombra de tarde que amenaza con sobrepasarnos.

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Y luego están las sombras de noche. ¿Qué pasa en la oscuridad con este lado nuestro? ¿Se disuelve en su elemento? En la novela de Salman Rushdie, Haroun and the Sea of Stories, existe un país tan oscuro que las sombras pueden moverse allí a su voluntad:

“Chupwalas live in the dark, you know, and in the dark a Shadow doesn’t have to be one single shape all the time…”

“Los Chupwalas viven en la oscuridad, sabes, y en la oscuridad una Sombra no tiene que tomar una sola forma todo el tiempo…”

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Así que las sombras tienen su propia personalidad y pueden hasta pelearse con sus dueños, aunque no separarse. Sólo el villano de la historia ha logrado esta atrocidad, volviéndose cada vez más sombrío hasta igualarse con su sombra, la cual ahora se mueve libremente como un doble suyo.

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La palabra asombro es una más de las muchísimas derivadas de la palabra sombra, como penumbra, sombrero, sombrilla y sombrío. A-sombro quiere decir, en su sentido original, asustarse por la aparición de una sombra. Como en el fragmento XI del poema de Wallace Stevens, Thirteen Ways of Looking at a Blackbird (Trece formas de ver a un mirlo):

“He rode over Connecticut 


In a glass coach. 


Once, a fear pierced him, 


In that he mistook 


The shadow of his equipage 


For blackbirds.”[1]

“Un hombre pasaba por Connecticut


En un carruaje con grandes ventanas.

De pronto, le sobrevino un miedo,

Porque confundió


La sombra de su equipaje

Con mirlos.”

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La sombra en cierta forma personifica una presencia inmaterial. En ciertas comunidades, por ejemplo, se cree que cuando muere una persona puede dejar su sombra, es decir su espíritu, en el lugar donde murió. La sombra entonces causa el sentimiento de asombro como un presentimiento, como un augurio. Inmediatamente, sin embargo, nos preguntamos por el sentido actual de la palabra asombro, la cual describe la súbita sensación de lo extraño o lo sorpresivo, no necesariamente derivado de algo dañino. El asombro es un sentimiento ambiguo que produce todo lo misterioso, lo maravilloso o lo raro, sea positivo o negativo. Algo parecido al sentimiento de lo sublime. Es por eso que Jung le reconoce a la sombra en el epígrafe de este ensayo su posibilidad de convertirse en “la serpiente curativa de los misterios”. Por eso seguramente las historias maravillosas han hecho de la sombra un personaje que no por misterioso y peculiar es necesariamente maligno. Las mejores historias se forjan en las sombras.

1. La palabra shadow se deriva del inglés antiguo sceadwian: “proteger como un ave que se cubre con sus alas.”

 

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