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Límulus

SALA PARA INVIDENTES Taller de arquitectura-Mauricio Rocha

Texto por Priscila Vanneuville

«El acceso a la comunicación en su sentido más amplio es el acceso al conocimiento, y eso es de importancia vital para nosotros si no queremos continuar siendo despreciados o protegidos por personas videntes compasivas. No necesitamos piedad ni que nos recuerden que somos vulnerables. Tenemos que ser tratados como iguales, y la comunicación es el medio por el que podemos conseguirlo».

Louis Braille

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La posibilidad de alfabetismo en personas que sufren de una discapacidad visual es un fenómeno relativamente reciente: data del siglo XIX, cuando Louis Braille perfeccionó algunos métodos que se habían venido trabajando por diversos personajes desde 1786. Este sistema permitió a los ciegos o débiles visuales, por primera vez, no sólo leer, sino también escribir, tomar notas, copiar apuntes y participar en un intercambio personal de cartas o mensajes escritos.

No fue sino hasta el siglo XX que este sistema fue adoptado por todos los países como sistema oficial de comunicación escrita para invidentes. Sin embargo, resulta determinante el costo de producción de los distintos soportes en braille (folletos, libros, señalética, etc.), que es elevado en comparación con el sistema para videntes en el que se utilizan generalmente tintas.

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Esto tiene como consecuencia, por ejemplo, una escasez de textos más atractivos para las distintas franjas de edad, o bien, la producción apenas testimonial de materiales de carácter práctico. Nos enfrentamos, como sociedad, a un problema de diversidad dentro del espectro de información a la que tiene acceso una persona en esas condiciones, lo cual deriva en un obstáculo para la integración.

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En México viven más de un millón de invidentes y débiles visuales, de manera que la ceguera es la segunda causa de discapacidad en México. Dentro de este grupo de personas existen estadísticas que indican que sólo el diez por ciento de las personas consideradas ciegas utilizan el alfabeto braille como sistema de lectura, y que algunos menos son los que escriben con él. La lectura y la escritura son capacidades de socialización que permiten desarrollar habilidades como la observación y el análisis de los estímulos de la realidad, el fortalecimiento de las aptitudes de reflexión y diálogo, acumulación de conocimiento, posibilidad de esparcimiento, ubicación y reconocimiento de espacios, etc.

En el año 2001 se llevó a cabo un proyecto en la Ciudad de México que pretendía abordar y darle una parte de solución a la problemática mencionada anteriormente. Se trataba de un centro de servicios sociales y culturales para personas con discapacidad visual. El inmueble de esta institución fue diseñado y construido por el Taller de Arquitectura de Manuel Rocha, quien elaboró un sistema espacial basado en intensidades de luz, texturas, pesos de materiales, olores (plantas de esencias y flores) y sonidos (un canal de agua atravesaba el conjunto arquitectónico definiendo el sentido del tránsito). Desafortunadamente, este inmueble está ahora destinado a otros fines por cuestiones que desataron una gran polémica y que no son relevantes para este artículo.

A partir de esta experiencia, no es una casualidad que el Taller de Arquitectura de Mauricio Rocha haya sido el encargado de proyectar la Sala para personas con discapacidad visual en el marco del proyecto de restauración y rescate de la Ciudad de los Libros en la Ciudadela. La investigación del arquitecto para el desarrollo de un espacio adecuado e incluyente se ve reflejada en esta biblioteca.

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La madera predomina en el espacio: un material que huele, vive, se expande, cruje, emite sonidos. Se produce un ruido particular al caminar sobre madera, tenemos la impresión de que emerge a la vez que es absorbido por el mismo material. En contraposición a las sensaciones rugosas de la madera, se utilizó corian amarillo que presenta una sensación táctil completamente lisa y fría. Suponemos que es un material difícil de instalar y de manejar por las cuarteaduras que notamos por aquí y por allá. Este accidente podría convertirse en un acierto al incrementar involuntariamente las texturas. ¿Acaso alguno de los usuarios reconocería el espacio a partir de tal o cual fractura en el material?

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En efecto, la gama de colores es cálida y se compone esencialmente de dos tonos: café y amarillo. En psicología del color, las combinaciones de este tipo denotan serenidad y ánimo, además de que el amarillo tiene el valor máximo de saturación en el espectro de frecuencias visibles, es decir, que es percibido más brillante y luminoso que los demás colores. Esto es de gran importancia ya que este espacio fue diseñado no sólo para invidentes sino también para personas con alguna deficiencia visual. Esta elección de colores potencializa la porción de visión que tienen algunos.

Por otro lado, también nos encontramos con un juego interesante de claroscuros a partir de volúmenes flotantes y rendijas de luz entre las estanterías, afectando también en la temperatura de los espacios discontinuos. Una vez más, el amarillo es el color que se asocia a la luz, al sol, a la luminosidad aunque esté dentro de un espacio obscuro. La construcción conceptual del lugar fomenta una experiencia espacial dinámica no lineal, ofrece al usuario la oportunidad de recorrerlo en diferentes sentidos.

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Este espacio nuevo cuenta con una ludoteca, cabinas de trabajo individuales, así como cubículos de grabación con material especializado, además de las áreas de lectura individuales o grupales con un gran acervo en braille y audiolibros. La culminación de esta investigación arquitectónica y de acceso a la información debe de sentar las bases para la construcción futura de bibliotecas que permitan el acceso a un público más amplio y diverso.

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