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Límulus

SOBRE RUTH LECHUGAMargarita de Orellana

Quién iba a decir que la joven austriaca de 19 años que llegó a México en los años 30, huyendo del nazismo, iba a enseñarnos a entender mejor una realidad que nos marca y que no siempre valoramos: nuestro universo artesanal. Impresionada por las diferencias entre Austria y este país, empezó a viajar junto a su padre aficionado a la arqueología. Mientras él se concentraba en las piedras antiguas ella no dejaba de asombrarse ante la gente tan distinta que encontraba en cada estado y ante la belleza de sus creaciones artesanales. Desde el principio cargaba con su cámara, con el propósito de registrar cada una de las intensas imágenes que tanto la cautivaban. Jamás imaginó que muchos años después jugaría un papel importante para muchos de esos artesanos. Que se convertiría en una suerte de hada madrina para muchos pero siempre con un espíritu crítico y una enorme generosidad.

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Na Ma, 1962

Ruth me contó cómo en 1948 llegó a Bonampak cuando la selva era parte de este sitio maya. Cómo se perdieron en ella y cómo su guía tuvo que cocinar monos saraguatos y hacer una sopa de caracol que ella y su familia fue a recoger al río. Esa época de aventuras la marcaría para siempre. Desde entonces entró en contacto con los lacandones  que llegaron de inmediato a su campamento. “Ellos obviamente eran los dueños de la selva. Esculcaban nuestras mochilas y cuando algo les gustaba decían: ‘Tuyo, ¿mío eh?’. Si uno les decía que sí se lo llevaban, si no lo dejaban.” Y así comenzó una amistad con ellos que duró muchas décadas.  Siempre los respetó y admiró su natural sabiduría.

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Na Ma, 1962

Ruth hizo amistades parecidas con miembros de otras culturas del país a través de los años. Y en todas partes fue registrando sus vivencias a través de la fotografía. Siempre mantuvo un agradecimiento inmenso a México por haber permitido a su familia salvar la vida y por haberle dado la oportunidad de obtener una formación médica que en su país natal hubiera sido imposible obtener. Nunca pensó en regresar a Austria. Se encontraba en el mejor país del mundo.

Trabajó al terminar la carrera de medicina en análisis clínicos muchos años hasta que abandonó este oficio buscando dedicarse por completo a su pasión: las artes populares. Y así,  con más de 50 años, entró a trabajar en el Museo de Artes e Industrias Populares al lado de Teresa Pomar, otra experta en el tema.  Ahí trabajó más de 15 años viajando por todo el país, comprando y difundiendo el trabajo de las comunidades. Yo me acuerdo de ese museo – tienda frente a la Alameda,  que hoy es un archivo de notarías-, como el mejor lugar para comprar verdaderas obras maestras de arte popular que no era fácil encontrar en otra parte. Había detrás de cada pieza un ojo experto que sabía seleccionar lo que valía la pena.  Siempre lamenté su cierre y muchos artesanos me lo expresaron también.

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Palenque, 1962

Los artesanos siempre la reconocieron como alguien que los impulsó y entendió a profundidad. Siempre que acompañé a Ruth a los concursos y a los pueblos era recibida con un afecto desbordante y como a una  verdadera amiga.

Desde su llegada a México en 1939, Ruth empezó a comprar piezas artesanales y a su muerte, la colección tenía alrededor de 10,000 objetos que siempre quiso se quedaran aquí en la ciudad, con el fin de que los mexicanos y los extranjeros los conocieran. A su muerte, todo fue donado al Museo Franz Mayer, incluyendo los tres departamentos del edificio Condesa.

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Chamula, 1968

Hasta hoy esa pequeña joya del arte popular de México no se ha logrado mostrar de nuevo al público. Por su parte, la editorial Artes de México heredó su colección de fotografías con alrededor de 20,000 negativos. Una responsabilidad enorme. Hemos hecho varias muestras públicas con mucho reconocimiento tanto en el mismo lugar donde estuvo el Museo de Artes e Industrias Populares,  como en la plaza de atrás y en las rejas de Reforma y algunas de las delegaciones. Sus fotos han aparecido en muchas publicaciones nacionales e internacionales. Pero aún hay mucho por hacer.

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Carnaval en Chiapas, 1970

Margarita de Orellana es doctora por la Universidad de París en Historia Contemporánea y Comparada, es autora de varios libros que analizan a la cultura mexicana en sus diversas manifestaciones, especialmente el cine histórico y documental de la Revolución mexicana, el arte y las artesanías. Actualmente es directora de la editorial Artes de México.

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